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viernes, 6 de septiembre de 2013

Capítulo 11

EL INFIERNO

Pasados muchos años en la retina de mi memoria la imagen de la foto de Romy vestida de novia para la película “El infierno” de Henry-Georges Clouzot aún palpitaba con bastante fuerza. En alguna web de cine a mediados de la década pasada leí que habían encontrado un material que se creía perdido relacionado con esa película pero tampoco había más información sobre el asunto. Silencio. Olvido.

Cuando se anunciaron las películas que participarían en Cannes en 2009 para mi sorpresa vi que estaba un documental sobre la historia de esta película inacabada. Busqué algo de información sobre ella y la historia no podía ser más apasionante. El documentalista Serge Bromberg se quedó encerrado en un ascensor durante dos horas con una mujer de cierta edad. Cuando comenzaron a hablar y él reveló que era un cineasta ella dijo que también estaba relacionada con el mundo del cine. Su nombre era Inés de González y era viuda de un famoso y venerado cineasta francés: Henri-Georges Clouzot. La conversación en el ascensor fue más fructífera que la de una intrascendente sobre el tiempo. Una parte en concreto llamó la atención de forma arrebatadora a Bromberg. La historia de una película que jamás llegó a terminarse, una película llamada a revolucionar el cine de la época y que, tras comenzar el rodaje, toda una serie de catástrofes buscadas o no terminaron por dejar en estado de shock al equipo y cancelar la producción. Una película que iban  protagonizar un consolidado galán italofrancés, Serge Reggiani,  y una de las mayores estrellas del cine europeo, Romy Schneider. Esa película se llama “L’enfer”.

Bromberg había sabido de ella por la misma razón que los demás, la versión que rodó de aquella historia Claude Chabrol. Inés de González envió años antes a Chabrol el guión pensando que podría tener interés para este y tanto le gustó que decidió que sería su siguiente proyecto. Una historia de celos enfermizos protagonizada por una preciosa  Enmanuel Beart. El interés de Chabrol en su versión no pasaba del habitual en su cine: el retrato de la burguesía del interior francés, sus miedos, sus envidias y, en resumen,  sus miserias en resumen. La película no dejaba de ser un Chabrol (muy) menor, entretenido, un tanto pedestre y burdo en las recreaciones de las ensoñaciones sicópatas del marido celoso y que no pasará ni a la historia del cine ni a la de la carrera de los implicados. Además, en un extraño movimiento, cambió incluso los nombres de los personajes principales. Mientras que en el guión original sus nombres Odette y Marcel hacían referencia a “En Busca De El Tiempo Perdido” de Proust en la versión más reciente eran vaciados de significado y pasaban a ser Nelly y Paul.

Tras ser rescatados del ascensor Bromberg pide ver el material que, según la viuda de Clouzot, se había rodado y estaba guardado en un laboratorio. Muchas horas de imagen y sonido. El cineasta intuye que ahí hay una película y, tras ver el material, queda fascinado. Quince horas de imágenes y más de treinta de banda de sonido sin imágenes, con diálogos, sonidos, efectos...lo que encuentra es una joya fantástica que trata de reconstruir con el libreto en mano. Es complicado porque la película pretendía romper todos los esquemas del cine de su época, hacerlo avanzar de un salto a una forma de arte casi conceptual.

En esa época Clouzot estaba obsesionado con “8 y medio” de Fellini, con romper y hacer pedazos la narrativa y la lógica cinematográfica y dar un paso más allá. También con la magistral “La Aventura” de Antonioni. Un cine que se abría paso en ese momento en el que Clouzot estaba siendo muy criticado por una panda de jóvenes airados que comenzaban a hacer un cine distinto y radical y a los que denominaron Nouvelle Vague que le veían como representante de un cine asfixiado por el guión y la planificación. Esta película podía representar para él su reivindicación y su demostración de fuerza ante ellos de estar cien pasos por delante.

Además se interesó por artistas visuales que hacían arte cinético. Gente como Yvaral o Vasarely que trascendían la representación artística tradicional para crear objetos en los que el punto de vista, el espacio y la transformación pasaba a ser parte conceptual del objeto artístico. Quería introducir esos mismos conceptos pero en el cine. Clouzot llevaba cuatro años sin hacer películas y la industria francesa confiaba a ciegas en él tras haber dado obras mayores como “El Salario Del Miedo” o “Las Diabólicas”. Su nombre era tan poderoso y se rumoreaba que esa película sería un antes y un después que un día se presentaron jefes de estudio de Columbia Pictures desde los Estados Unidos y pidieron ver esas pruebas de antes del rodaje. Tras eso, sin leer el guión, se reunieron con la parte francesa de la producción y dijeron: presupuesto sin límites. Un proyecto tan ambicioso necesitaba de libertad absoluta y el dinero no sería ya el problema.

Clouzot se vuelve absolutamente demente. Contratan un equipo de 150 personas, dos directores de fotografía de entre los mejores del momento, forma tres equipos para que nunca se detenga el rodaje pero como quiere supervisar los tres jamás están activos dos y como en el primero de ellos exprime cada milímetro para que quede como él quiere al final todo se hace inoperativo. Tortura a los actores con peticiones salvajes. Inventa sistemas de color, quiere teñir un lago natural donde se desarrolla parte de la acción, crean lentes especiales para dotar a la foto de nuevos tonos, juega a experimentar con sonidos, efectos especiales insólitos...todo ello sin límite. Sin más límite que la paciencia de todos los que le rodean. Su cabeza echa humo y tiene graves enfrentamientos con Reggiani que explotan el día que hace correr al actor durante horas, sin apenas descanso, sólo para filmarlo agotado realmente. Horas y horas corriendo para un sólo plano que quizá jamás se fuese a usar. Reggiani no se presenta al rodaje más y argumenta que está enfermo. Esto destroza los planes y se piensa en sustituir por otro actor, quizá Jean Louis Trintignac amigo de Romy Schneider y estrella del cine galo.

Pero nada de esto ocurre. La presión supera a todos incluido, al fin, a Clouzot, y su corazón dice basta teniendo un ataque que le lleva al hospital y, al poco, declaran suspendido el rodaje para siempre. Aunque aún rodaría alguna otra película ya jamás recuperá su posición en la industria aún respetando su estatus de gran creador. Romy se siente muy decepcionada porque está segura que era el papel que acabaría al fin hacer olvidar los papeles de la etapa de Sissi de una década antes, aunque a esa altura ella ya había trabajado con Welles, Visconti o Preminger.

Toda esta historia se explica en el excelente documental de Bromber y Ruxandra Medrea “El Infierno de Henri-Georges Clouzot”. El gran valor de la película es, sin duda, el editar en lo posible el material existente y hacer al espectador un frustrado guionista tratando de recomponer los espacios vacíos. La imaginería visual es apabullante. Imaginar un resultado en el que con un gran presupuesto y estrellas había ecos y anticipaciones a cines que estaban naciendo en esos momentos fuera del circuito comercial en gente como Standish Lawder, Jonas Mekas o Kenneth Anger. Que pertenece a ese mundo da fe un vídeo en youtube titulado por su autor, un tal “facedebouc1”, quizá de forma un poco pedante “Essai sur l’enfer”. Durante casi nueve minutos extractos de la película se suceden acompañados de la música del trabajo conjunto de Stereolab y Nurse With Wound. La sincronía de los dos elementos, imagen y música, es perfecta. Parecen creados el uno para el otro. Imágenes de gran impacto junto a música incómoda, poco convencional como siempre acostumbraba en su lado más arty, más experimental, siempre hacia adelante un grupo como Stereolab. Una orgía para disfrutar y ensimismarse.

La belleza de Romy en la película es desarmante. Es probable que jamás, y es mucho decir, apareciese tan magnética, adorable, sexual, turbadora, e inalcanzablemente cruel por la ansiedad que me produce el pensamiento de no asistir al espectáculo de ser ella misma ante mí.

“Lo Importante es Amar” y “El Infierno”. Entre esos dos títulos, sus significados, parece resumirse la vida entera de Romy Schneider.



miércoles, 4 de septiembre de 2013

Capítulo 9

LO IMPORTANTE ES AMAR

Uno de los ciclos de la filmoteca de Torrelavega era de cine extremo y polémico. Entre las películas estaba la extraordinaria “La Mamá y la Puta” de Jean Eustache o la famosa “Sweet Movie” de Dusan Makavejev probablemente la película más chocante que jamás había visto hasta ese momento.  Pero lo que me causó más ansiedad es que en ese ciclo estaba “Lo Importante es Amar” de Zulawski. Yo sólo había visto una película de Zulawski por televisión, “Mis Noches Son Más Hermosas que tus Días” protagonizada por su esposa Sophie Marceau mucho antes de volverse una pequeña estrella y sex simbol internacional tras ser la mujer de Mel Gibson en “Braveheart”.

De ”Lo Importante es Amar” siempre había leído que era la interpretación más descarnada y extraordinaria de Romy Schneider. Sabía que estaba entre las películas favoritas de Terenci Moix gran fan de Romy y del que conocí una semblanza de la actriz que publicó en El País Semanal en la que hablaba de la belleza y el parecido de Sarah con su madre. Y de la trágica vida de una estrella tan fulgurante, tan talentosa.

Es curiosa la cuestión genética y de tradición. Romy era nieta de una afamada actriz de teatro austriaca, Rosa Rhetty. Actriz durante los últimos vestigios del Imperio Austrohúngaro al que luego Romy representaría para el mundo en su esplendor en la serie de Sissi, tenía debilidad por su nieta y esta por ella. Con su madre Magda Schneider de la que tomaría su apellido artístico la relación no era igual. Desde niña la tuvo en el ambiente del cine y a través de ella comenzó a actuar. La amistad de Magda con Hitler es un hecho muy documentado, tanto como la admiración de esta por el sanguinario dictador y de él en el plano carnal (algunos llegan a afirmar que fueron amantes). A Romy esto siempre le horrorizaría. Incluso en una película discreta como “El Viejo Fusil” que vi en el ciclo de cine francés de mi instituto haría de judía en la era de la ocupación.

Su hija Sarah Magdalena decía cuando era adolescente que no tenía ninguna intención de ser actriz. Que quería estudiar y llevar otra vida. Pero no sé si la vida, la tradición o la insistencia de terceros llevó al fin a la pequeña a ser actriz aunque sí que hizo una licenciatura en La Sorbona. No es una gran actriz o aún no ha tenido un papel para demostrarlo. En cine casi todo son apariciones anecdóticas, muy secundarias y en las que yo he visto, no destaca demasiado.

Tanto Magda como Sarah se parecen mucho a Romy. Mirándolas es imposible no darse cuenta de que son familia. Son parecidas, incluso similares, pero tanto la madre como la hija son mucho menos hermosas. A años luz de la belleza de Romy. No hay algo que las diferencie demasiado, incluso Sarah tiene esa mirada triste marca de la casa de su madre. Pero además de un mentón demasiado ancho hay algo que no funciona bien en su cara para ser armoniosa como sí pasaba en Romy. Con Magda pasaba lo mismo. Había algo poco estilizado en su rostro, algo que se pulía en su hija. Y luego está la cuestión del talento.

La película me dejó sin palabras. Hasta el día de hoy es mi película favorita. Un tótem vital insuperable. No sólo es la mejor película en la que participó Romy sino que es la única a la altura de su inmenso, infinito talento. La carnalidad que desprende el frágil personaje que interpreta, Nadine Chevalier, se hace indistinguible de la triste vida de la actriz. Basada en una novela llamada “La Noche Americana” de Christopher Frank, que nada tiene que ver con la divertida película de Truffaut, el argumento trata de una actriz caída en desgracia que tiene que dedicarse al cine pornográfico para que ella y su desgraciado y demente marido (Jacques Dutronc) puedan sobrevivir. Un joven fotógrafo (un excelente Fabio Testi antes de su ridículo paso por cuanto reality le proponían) entra en uno de los rodajes en el que participa Nadine Chevalier y saca unas fotos a escondidas. Tras ser descubierto y huir como puede se obsesiona con Nadine y decide que ella merece tener la oportunidad de mostrar su valía y, consiguiendo dinero de manera turbia, produce en secreto una obra de teatro en la que ella será la estrella. El  director de la obra interpretado por un desquiciado Klaus Kinski trata de sacar lo mejor de ella. Una trama llena de personajes excéntricos, maniacos, locos y enamorados por encima de todo, con un amor irracional que traspasa la pantalla con una violencia que yo no reconozco similar en otras historias, de la misma manera que deambulan como despojos a los que sólo ese amor dignifica. La sobrenatural música de George Deleure (con ecos a otra música suya para otra película igualmente maravillosa “Le Mepris” de Godard) es la guinda que convierte todo en una tragedia de magnitudes irracionales. Una película histérica en la que todos gritan, tiran cosas al suelo o contra otros personajes, una fotografía feísta hasta extremos desagradables y, en medio de todo ese caos, una Romy Schneider apenas maquillada por ella misma ofreciéndose con una generosidad como interprete pocas veces vista.

Explicar la película no tiene sentido porque todo va a ser injusto con ella. Dada mi obsesión con la misma decidí llamar N. Chevalier, en honor al personaje de Romy, a un efímero proyecto musical que tuve junto a mi hermano y del que quedó como herencia una sóla canción. Una curiosidad es que el plano más conocido de la afamada “Olvídate de mí” de Michel Gondry es un homenaje a uno mucho más hermoso y con más lecturas que hay en “Lo Importante es Amar”.


El rodaje parece que fue tomentoso, duro. Zulawsky se llevó a Romy a su casa para no dejarla descansar del personaje (algo que no era necesario porque ella vivía tanto sus personajes que a veces la hacía enloquecer). Ella en pantalla parece siempre al borde de romperse. Cuando sonríe su rostro adquiere una profundidad en su tristeza que es imposible mantenerse impermeable a ella.  Jamás volvieron a trabajar juntos aunque el director comentó que tenía un guión escrito para ella pero que, tras su muerte, no se realizaría jamás.


lunes, 2 de septiembre de 2013

Capítulo 6

UN AMOR DE LLUVIA

Cuando iba a segundo de BUP en la clase de francés, que yo tenía como asignatura optativa, prepararon una excursión a San Juan de Luz en la frontera francesa para que practicásemos nuestros escasos conocimientos. He de decir que no dije ni una sóla palabra en francés a excepción de “merçi” cuando compraba algo. Pero ese viaje que no sirvió para mejorar mi uso del idioma galo me dio una oportunidad fantástica de añadir una pieza maestra a mi colección de fotos de la actriz que más amaba. El destino no pero sí la casualidad hizo que ese fin de semana de Mayo hiciese quince años de su muerte. Debido a eso Le Figaró en su dominical dedicaba la portada y un amplio reportaje interior a ella, a sus fotos y textos repasando su vida, sus éxitos profesionales y sus fracasos vitales. Lo compré tirando de inmediato el periódico. No era un estudiante demasiado aplicado a la lengua de nuestros vecinos a pesar de ser afrancesado hasta la médula. Al regresar coloqué la portada de Le Figaró en mi carpeta del instituto. Por la otra cara puse una foto de Los Planetas. Idolos también. No era la carpeta decorada de la manera más ortodoxa y lo más que conseguí era una mueca de incredulidad al confirmarles que sí, que era una foto de la actriz de Sissi. Esa carpeta decorada de la misma manera me acompañó el curso siguiente en tercero, en COU y toda la carrera en la Universidad.

Al año siguiente hice otra excursión con la clase de francés, esta de varios días, a París. Estando allí, en una tienda de memorabilia cinematográfica, compré una foto de una Romy joven, hermosa, llena de vida que enmarqué al regresar a Torrelavega y colgué en mi cuarto como si se tratase de una familiar. O de una novia. Y la otra cosa que hice fue coger la guía de teléfonos en el hotel que nos alojábamos y buscar cuantos Biasini D. había en París. Sólo había uno. No podía ser otro que el teléfono de la casa de Sarah y su padre. Apunté el teléfono en una agenda con el corazón acelerado, casi queriendo escapar de mi pecho. No me atreví a llamarla durante la excursión. Me parecía ridículo, ¿qué le iba a decir? ¿Qué hace años vi una foto suya en una revista de cotilleos y me enamoré de ella y luego de su madre fallecida dieciséis años antes?. Y que la llamaba para…para nada. Era una idea estúpida.


Regresamos a Torrelavega y unas semanas más tarde me acerqué a una cabina con muchas monedas y fui metiéndolas una a una con el corazón otra vez queriendo escapar de mí. Llovía de manera torrencial y el agua caía hasta mis zapatos resguardados en aquellas cabinas cerradas de antes. Tome aire mientras me temblaban las piernas. Marqué el prefijo de Francia. Marque el prefijo de París y mientras marcaba el teléfono apuntado en el hotel repetía entre dientes “Il est Sarah maintenant?”. No tenía ningún plan para seguir tras esa frase pero me daba igual. Tras unos tonos al fin una voz de mujer, no de una chica adolescente, se escuchó al otro lado. Medio trastabillándome pregunté “Il est Sarah maintenant?. La voz de la mujer comenzó a hablar muy rápido en un francés imposible de comprender por mí y entonces colgué. Me fui corriendo a casa, avergonzado, y jamás repetí mi intento de contactar con Sarah.



sábado, 31 de agosto de 2013

Capítulo 5

LAS 10:30 DE UNA NOCHE DE VERANO


En mi ciudad, cuando yo era niño, había tres salas de cine. El mayor el Concha Espina, antiguo teatro con la decadente majestuosidad de un gran cine en una ciudad pequeña en tiempos de cine aún más pequeño. En el vi “ET”, los Indiana Jones, “El Retorno del Jedi”, “Atrápalo Como Puedas”, varios James Bond de los peores…También es el cine en el que vi mi primera película. Una mañana de sábado había alguna razón para que fuese una sesión gratuita, algún tipo de actividad infantil-juvenil. Fui con mi hermana. El cine estaba a rebosar. Tanto que, a pesar de tener una capacidad monstruosa (o así lo recuerda mi mente) tuvimos que sentarnos en el suelo como otras docenas de niños porque estaban todos los asientos ocupados. Mi primer recuerdo del cine es traumático. La película era una adaptación muy libre de la Isla del Tesoro que jamás he vuelto a ver. Tras atar cabos creo suponer que era una llamada “Misterio en la Isla de los Monstruos” del inefable y añorado Juan Piquer Simón. No podría asegurarlo. Pero sí podría asegurar que el terror que invadió a ese niño de quizá cinco años debe de ser el más intenso que he experimentado jamás en el momento en que un monstruo cubierto de algas emerge de entre las aguas amenazante hacia los protagonistas. Supongo que ese día me enamoré del cine de manera irremediable.

Los otros dos cines eran el Pereda metido dentro de una galería comercial. Un cine que era nuevo y cómodo, y los cines Arlequín, una multisala(por llamarlo de algún modo pues eran sólo dos salas). Con eso y con mis viajes a Santander para ver películas tanto en el cine comercial como en la Filmoteca me fui formando como amante del séptimo arte. Tanto uno, el Pereda, víctima de un incendio como los otros, Los Arlequín, víctimas de la desidia terminaron por cerrar. El Concha Espina había cerrado mucho antes. Mucho tiempo después, de la mano del dinero público, se convertiría en un moderno teatro, auténtico eje cultural de mi ciudad natal.

Yo veía cualquier cosa que pusieran. No me importaba que fuese bueno o malo. El ritual de ir al cine era una droga que sólo se calmaba al entrar en la sala y comenzar los anuncios o los trailers anunciando futuras dosis de la misma droga. A principios de los 90 un hecho jugó a mi favor de manera decisiva. Gracias a la colaboración del ayuntamiento y un grupo de entusiastas se inició una filmoteca. Cine en versión original en Torrelavega. Un sueño. Se alternaban ciclos de clásicos atemporales con los estrenos más importantes de la temporada del circuito de arte y ensayo. Gracias a ello podía ver en el propio año películas de cineastas de los que me hice fan como Aki Kaurismaki, Hal Hartley, Olivier Assayas, Eric Rohmer (con su estreno anual o recuperando títulos antiguos) y otros que no me gustaban tanto pero siempre era interesante de ver como Jaime Humberto Hermosillo, Derek Jarman, Gianni Amelio o Nanni Moretti el cual jamás me hizo gracia. Tener eso cada jueves del año para un quinceañero enfermo de cine era un milagro. Allí, gracias a uno de esos ciclos, vi la mejor película que jamás hizo Romy, “Lo Importante es Amar” de Andrzej Zulawski.


jueves, 29 de agosto de 2013

Capítulo 3

INOCENTES CON MANOS SUCIAS

Gracias a un ciclo de la Alianza Francesa que ponían en mi instituto, El Marqués de Santillana, pude ver otras dos películas de ella “El Viejo Fusil” de Roberto Enrico que me gustó, y “La Muerte en Directo” de Bertrand Tavernier que me encantó. En ese mismo ciclo pusieron “El Círculo Rojo” de Jean Pierre Melville que me pareció aburrida, incomprensible e infumable. Cosas de la edad y el gusto sin formar: es una obra maestra. En la tele pude ir viendo otras de sus películas “Mi Hijo, mi Amor”, “El Combate de la Isla”, “El Cardenal”, “El Proceso”... Del videoclub saqué la única disponible de ella a excepción de la serie de Sisi que ya tenía más que vistas, y que estaba allí por ser el protagonista Woody Allen. “Whats the New Pussicat?” es una divertida locura con una magnífica canción a cargo de Tom Jones. Adquirí en el catálogo de compra por correo de Discoplay “Préstame a Tu Marido” de David Swift en la que se acompaña de Jack Lemmon. La película  estaba en la sección de saldos. 

Mientras tanto seguía guardando lo que podía de Sarah y, si tenía suerte, lo que podía rapiñar de Romy. A veces algún artículo en alguna revista de cine (estaba suscrito a Fotogramas y compraba esporádicamente otras). Recuerdo que una vez en noticias breves había una foto de Romy vestida de novia en una prueba de vestuario para la película llamada “L’Enfer” de HG Clouzot. Una película maldita que jamás se pudo realizar y de la que Claude Chabrol realizaría una nueva versión con el guión original. La protagonista sería Enmanuel Beart en el papel de Romy. Beart que se convertiría en la segunda musa de Sautet tras Romy, Chabrol con el que Romy rodó “Inocentes con Manos Sucias”. Es evidente que, como dijo Sarah,  el destino no existe pero sí las casualidades circulares.

No mucho después se estrenó la película de Claude Chabrol basada en el guión de Clouzet. Beart era una actriz de la que había podido ver unas cuantas películas y la consideraba entre mis favoritas de entonces. Su belleza era insultante y estar casada con un feo-guapo como su coprotagonista en “Un Corazón en Invierno” de Sautet, Daniel Auteil, me hacían tenerla más simpatía. En esa época yo había visto de ella “El la Boca No” de André Techine y “La Bella Mentirosa” de Jaques Rivette (del que había visto “París nos Pertenece”, película que amaba con fervor). En los 90 más o menos podía seguir el cine contemporáneo y verlo en versión original gracias a que en mi edificio habían pirateado la señal de Canal + y junto a la programación de la 2 constituyeron parte de mi menú de cinéfago impenitente y de provincias.

La película de Chabrol me gustó de manera moderada. La vi una tórrida tarde de Julio en un cine de Santander mientras afuera, en el mundo, Indurain sentenciaba uno de sus cinco tours. No sé cuál. Fue la segunda película que vi absolutamente solo en una sala de cine. La primera había sido “Cronos” de Guillermo del Toro en los cines Arlequín de Torrelavega. Estar con pocas personas, incluso con otra persona, sí que me había ocurrido bastantes veces, pero solo únicamente en aquellas dos ocasiones. No me ha vuelto a pasar. Me daba bastante vergüenza salir de la sala tras acabar la película y pensar que les había jodido la tarde.